viernes, 27 de octubre de 2017

Papá a toda madre / ¡Muy padres!: ¿La cumbre de la crisis?













¿VS?












PAPÁ A TODA MADRE Y ¡MUY PADRES!: ¿LA CUMBRE DE LA CRISIS?

Dos remakes, misma historia, mismo horario... nada nuevo

Daniel Lares Muñoz


Anticipándonos a los sucesos que se darían a conocer después en la televisión, esta editorial fue publicada en TV & Show el 25 de octubre de 2017.
https://tvandshow.com/2017/10/25/papa-a-toda-madre-y-muy-padres-la-cumbre-de-la-crisis/


@dan_lares




¿Espectáculos en serio?


domingo, 22 de octubre de 2017

Lo narco de "Narcos"



LO NARCO DE "NARCOS"

Daniel Lares Muñoz

La tercera temporada es mejor que las anteriores. ¿Qué hace adictiva a la serie de Netflix?

Publicado en: TV & Show
https://tvandshow.com/2017/10/22/lo-narco-de-narcos/



¿Espectáculos en serio?

Las Malcriadas no quieren ganar



LAS MALCRIADAS NO QUIEREN GANAR

Daniel Lares Muñoz

"Las televisoras mexicanas de hoy son como los viejos cines unisala de principios de los noventa que pretendían aferrarse a su cuota de mercado con el mismo servicio y títulos en cartelera como Juana la cubanaCambiando el destino y La risa en vacaciones frente a la sofisticación del cine extranjero y la ineludible llegada del formato multi-sala (y los megaplex), la televisión por cable y la consolidación de los formatos de video en casa".

Publicado en: TV & Show:
https://tvandshow.com/2017/10/14/las-malcriadas-no-quieren-ganar/

También disponible en: La Hora de la Novela
http://lahoradelanovela.com/2017/10/18/las-malcriadas-critica-decepcion/



¿Espectáculos en serio?

Caer en (la misma) tentación


CAER EN (LA MISMA) TENTACIÓN


Daniel Lares Muñoz

Crítica del estreno de la telenovela mexicana "Caer en Tentación" de Televisa.

Link: Publicación en TV & Show

También publicada en La Hora de la Novela
http://lahoradelanovela.com/2017/10/10/caer-en-tentacion-critica-inicios/



¿Espectáculos en serio?

martes, 5 de septiembre de 2017

Las nuevas señales del corazón (de la telenovela)



LAS NUEVAS SEÑALES DEL CORAZÓN

Lecciones mexicanas desde el contraste colombiano de La Ley del Corazón

Daniel Lares Muñoz


En medio de un panorama de incertidumbre para la telenovela latinoamericana, es Colombia el país que parece enviar señales sobre el rumbo promisorio de para dónde conducen las impredecibles corrientes del océano de la ficción televisiva en Latinoamérica.

Radio Cadena Nacional (RCN Televisión) lo logra con su producción La Ley del Corazón, un original (¡gracias!) creado en 2010 y afortunadamente retomado de manera póstuma tras el lamentable fallecimiento en 2012 de su autora Mónica Agudelo a quien gratamente recordamos por sus aportaciones en Señora Isabel (1993) junto con Bernardo Romero (original de Mirada de Mujer), Hombres (1997) y La Hija del Mariachi (2006), entre otras creaciones. La historia es desarrollada por Felipe Agudelo, Ricardo Sarmiento y Natalia Santa.

Propongo una radiografía a partir de esta producción para que no se diga que la crítica siempre se regodea en el pesimismo ya que, contrario a lo que persiste en las pantallas mexicanas, éste título nos ofrece aires alentadores de los que precisamos tomar notas.


El punto de partida: abrazar el contexto
En primera instancia parte de un argumento atractivo ricamente influenciado por series norteamericanas como Ally McBeal, The Practice, E.R. y las telenovelas de facto de Shonda Rhimes como Grey’s Anathomy. Un grupo de abogados, del buffet Cabal-Ortega-Domínguez y Asociados, lidian con los problemas de sus clientes al tiempo que se confrontan con los propios.

¿Dónde está la novedad? En la sólida construcción de conflictos, en la rica biografía de personajes, en una dialogación realista y verosímil que junto con el atinado cast, apuestan por la organicidad de la interpretación sazonada de una esmerada atención (y creación) al detalle escénico así como de una autopista dramatúrgica de varios carriles.

Una dramaturgia que se adapta y reinventa
No podemos pasar por alto un detalle esencial en este proyecto: sí es detectable una relectura moderna del melodrama, piedra angular de la telenovela, reforzado con una amalgama de diversos géneros.

La pareja central que lleva el melodrama, Pablo y Julia, rueda en una mesa de pinball de varios niveles dispuesta estratégicamente para que se desplace con dinamismo entre historias que tienen su propio ciclo dramático en cada capítulo, lo que no sólo delata la influencia del serial anglosajón sino que da a luz a una hibridación orgánica y efectiva. Atención aquí, no omite el paradigma tradicional, se abre a renovarlo desde éste en contraposición de los pretenciosos y timoratos intentos que hemos atestiguado en la pantalla mexicana.


Atender al fondo para servir a la forma
La decisión de enfocar la especialidad del buffet en casos en derecho familiar y penal no sólo obedece a una necesaria delimitación narrativa sino que revela la ambición dramatúrgica del discurso central de la historia: indagar sobre los diferentes juicios sobre el matrimonio, el corazón de la historia. Adiós al anacrónico “y vivieron felices para siempre”.

La vida no se propone en un solo color porque aquí el melodrama es un prisma mutable y multicolor que permite convivir a los personajes y sus conflictos en un ecosistema horizontal más que en un rígido y rudimentario mecanismo vertical.

Las acciones de unos impactan en las de otros, por eso todos los personajes, del reparto fijo e invitados, brillan. La disposición serial lo permite y el melodrama telenovelero matiza responsable y propositivamente frente a la audiencia de la TV abierta: hay salidas ante las debacles domésticas. Incentivos para enganchar a las audiencias de hoy.


¿Preferible proponer la aspiración de convertirse en uno de estos profesionistas y la esperanza en un marco jurídico perfectible o la ponderación de narco-héroes?

Es posible adoptar la partición del arco dramático tradicional en temporadas, como el serial anglosajón, pero sin el impulso snob de la imitación por moda. Que conste que la primera temporada ostenta 131 episodios. Entonces ¿en qué se apoya el “diagnóstico” de algunos productores mexicanos de que el problema de la telenovela es causado por su extensión? Atención al fondo antes que a la forma. Y es que “el diablo está en los detalles”: La Ley del Corazón, se vende como telenovela pero opera como serie, sin ruido.

Habrá que ver su recepción en otras plataformas, lo que sí podemos advertir es que precisamente esta propuesta serial estructurada en bloques es compatible con el consumo personalizado de los usuarios de las OTT, a diferencia del monolito bidimensional de la telenovela tradicional.



Casting de ACTORES
El casting ha sido conformado con profesionalismo privilegiando de manera notable la capacidad histriónica. Tanto sus protagonistas centrales (gran química), Luciano D’Alessandro y Laura Londoño, como su reparto coral base y actores invitados, respiran, vibran y sienten; son atractivos sin dejar de representar al latino promedio, aspiracionales pero terrenales, logrando un rango poco común dentro del género.

Aquí hay altos, bajos, medios, rubios, morenos claros y morochos con rasgos étnicos. Hay vida y sustitución dramática efectiva en los roles frente a la audiencia. En contraste, los actores con estos perfiles físicos en México no hubieran merecido más que los personajes de reparto de siempre en una producción regular o condenados a la ufanidad cutre de algún unitario vespertino. Verbigracia la entrañable Carmencita, la gran Judy Henríquez; los personajes de soporte no son ornamento. Aquí se exuda talento.


Una producción que no parece ser: es
Si se analiza con detalle el modelo de producción, como la dramaturgia, no se distancia del estándar tradicional: la combinación de interiores de foro (como pivote) y las locaciones pero con novedades de clara evolución.

La construcción y ambientación de los sets, particularmente  el del buffet de abogados, no están dispuestos para parecer lo que deben ser, lo son y armonizan con los exteriores. Los colombianos por proposición o limitación, fueron de los primeros por apostar más a la locación en la telenovela con un énfasis narrativo, más que sólo en lo estético.

La dirección de escena obliga a la cámara a recorrer sets habilitados en 360 grados para seguir a los personajes y materializar esa narrativa horizontal, que referíamos con anterioridad, enriquecida con segundos y terceros planos de gran esmero creativo, otra herencia del serial anglosajón. Las cámaras fijas están ahí para cuando hay que intimar con las reacciones delicadas de los personajes.

Ayuda la iluminación cinematográfica de capas a diferencia de la homogénea que persiste en varias producciones mexicanas como si estuvieran empleando la antigua Definición Estándar que sobre-expone el acartonamiento de sus valores de producción. Aclaremos algo, no es Mad men (ni puede serlo), pero el 4K luce dignamente en esta producción.


Un contexto que germina
El proyecto en cuestión no es perfecto. A ratos vacila al tener que hacer funambulismo entre su aspiración a la sofisticación y la ineludible demanda mainstream por empatizar con lo ‘popular’ de su mercado local, síntomas de la transición de la época.

Conforme avanzan sus capítulos (a la fecha he visionado 50) es notorio un afán tentador por recurrir a los clichés del género y ciertas argucias de edición para evitar el desplome del ritmo así como la evasión por profundizar en ciertos temas sociales: quizá por razones comerciales de exportación o por criterios de índole político, una de las grandes taras de la televisión de la región.

Sin embargo, hay que hacer constar que son los colombianos los que, agotados de la narco-novela, sí han estado probándose con títulos con mood indie como Anónima (2015) y recientemente No olvidarás  mi nombre (2017). Esta última digna de encomio al ser firmada por un nombre consagrado como el de Fernando Gaitán.


Se han equivocado y les ha faltado constancia, pero en su palmarés reúnen importantes éxitos y un prestigio como factoría de telenovelas con estilo único, lo que no cualquiera. Uno de ellos tiene el Récord Guiness mundial en cantidad de versiones producidas (Yo soy Betty, la fea). Como antecedentes del tratamiento de La Ley…, están El Último Matrimonio Feliz (2009) y la adaptación (no es casual) de Grey’s Anathomy (2010), también facturadas por RCN.

Anotando a lo anterior, la materialización de un proyecto como éste es el resultado de un contexto: Colombia, tras la privatización de su televisión a finales de los noventa y extender sus esfuerzos como exportadores relevantes de ficción, tomó la acertada decisión de distinguirse de los peso-pesado de la región: México y Brasil. Imposible para ellos competir en presupuestos y volumen, entonces apostaron por diferenciar sus contenidos. Hoy México, que veía sobre el hombro estos sucesos, debe confrontarlos sin prejuicio.


Ahora, ¿para dónde?
Si comparamos La Ley… con una de las boyantes series españolas de alta factura, la primera sube al ring internacional dignamente, aún y con un presupuesto significativamente inferior, porque además en ésta como hace mucho no se ve, se respira la intensidad latinoamericana de Los ricos también lloran (1979), Kassandra (1992) y Café con aroma de mujer (1994), no obstante su regodeo en el look hípster. Eso es un Ad Value para las pantallas de exportación.

Otro comparativo a considerar: el canal RCN viene de un pronunciado bache debido en parte a erráticas decisiones en su ficción dramática, luego de ser la marca televisiva más querida de los colombianos.

Quizá un desgaste no tan agudizado como el que padecen las mexicanas TV Azteca o particularmente Televisa. Con La Ley… han repuntado, logrado un trending (fuera de los targets habituales) y recuperado, al menos por ahora, el liderazgo y la voluntad de la audiencia, pero una sólo producción no puede cargar con esa responsabilidad que remite a la calidad de las decisiones de los pisos ejecutivos.



Señales para la incertidumbre mexicana
Una producción como La Ley del Corazón no es un destino fijo sino la cristalización de un referente sólido de para dónde navegar. Tampoco es una única vía, evitemos reiterar en ese error. 

Agréguese que Colombia tiene un tope de inversión comercial inferior al de México. Aunado a ello, nuestra condición geopolítica y la conformación natural del mercado hispanoparlante más grande y codiciado del mundo tienen que ver íntima y directamente con la industria mexicana. ¿Qué tiene que pasar para que se tome conciencia y se reaccione determinantemente al respecto?

La respuesta predecible será comprar la biblia para producir la correspondiente versión mexicana, sin contar con el probable requerimiento previo de transmitir el original colombiano en alguna pantalla de TV abierta nacional (ya la emite en TV restringida Telemundo Internacional) y sin considerar el obstáculo intrínseco que representa en la actualidad exportar la versión de un formato en el mismo idioma.


Si esto sucede, resultará contraproducente si esa eventual adaptación no va integrada a una estrategia renovada (y coherente) de imagen, programación y producción que lleve como vanguardia la creación original. Porque entonces aún y con un soporte de éxito probado como éste, tendrá que transitar sobre el campo minado de la percepción pública que sólo ve en las televisoras agotamiento creativo y falta de credibilidad.

Por lo pronto, la dramaturgia colombiana está haciendo fotosíntesis de la ineludible transición a la que se enfrentan los dramáticos en español con el pulso de un proyecto donde por fin hay alma y corazón, lo que tanto se extraña en la ficción latinoamericana, particularmente en la mexicana extraviada en intentos transgénicos.


Imágenes: RCN Televisión e internet.

viernes, 18 de agosto de 2017

Las tierras salvajes de la televisión mexicana



LAS TIERRAS SALVAJES DE LA TELEVISIÓN MEXICANA

¿Cómo emitir luces de certidumbre con lo que está en pantalla?

Daniel Lares Muñoz


La producción de ficción vive tiempos de tierras salvajes en la televisión mexicana. Como corolario se impone En Tierras Salvajes (Televisa, 2017), producción que aglutina todas las inconsistencias aleccionadoras que una industria y una cadena con esa tradición no deberían admitir a casi sesenta años de producir telenovelas.

Se insiste en la petulancia naif de que es “serie” y no telenovela. Si esto se tuviera en claro, un título como Mi marido tiene familia, ficción que funge como pivote y mantenimiento a nivel de programación en Las Estrellas, podría estar registrando mejores números de los que reporta al aire, pero se ve constreñida por el comportamiento de las producciones que la enmarcan (la referida y La Piloto). Que conste que no mencionamos los resultados en otras plataformas.


La calidad visual: la transición que no transita
Ver el look visual en full HD de “En Tierras Salvajes”, grabada en formato 4K, es como si transfiriéramos en automático un viejo video home mexicano de finales de los 80’s a cinta de 70mm y lo visionáramos en pantalla IMAX y 3D. Cualquiera de sus inconsistencias se sobreexpone sin remedio. Desde la primitiva realización de su entrada, tolerable todavía en un título como Dos mujeres un camino (Televisa, 1992), pasando por las diferencias brutales entre los interiores de foro y las locaciones conllevan a cuestionar si la ola de despidos en San Ángel también ha arrasado con la totalidad del personal de control de calidad.


El casting y las tierras salvajes de la dirección
La ausencia de regiduría en la dirección de actores no acierta ni siquiera a demandar la corrección en la neutralización de acentos que exige la historia, ya no digamos en los tonos de interpretación. Los hermanos Otero y los empleados del aserradero rural, en teoría mexicanos, son una ensalada inverosímil más parecida a una plática de receso de la OEA que a lo que demanda su contexto dramático.

El casting no sólo distrae por lo errático en lo fundamental: perfiles que no encajan, estrellas que no brillan (menos en el papel de siempre) y persistir en privilegiar la facha sobre la capacidad histriónica. Advertimos el mercado al que está dirigida está producción, pero aún no se entiende que en esto el orden los factores sí altera el producto ¿qué debe ser primero, productores y directores de casting? Revísense los títulos que más trending están teniendo en el mercado mundial, no sólo en Estados Unidos: actores, actores y luego lo demás.



La dramaturgia: un principio de eslabón muy oxidado
No podemos eludir el principal problema de esta producción (que es el de la industria en su conjunto): el menoscabo a la quintaescencia creativa y su proceso, imposible por consecuencia generar una buena dramaturgia, no hay manera. El desarrollo de En Tierras Salvajes, no alcanza más que aportar conflictos construidos como castillo de naipes, diálogos y biografías de personajes encorsetados en los asfixiantes clichés de siempre.


Habría que añadir otro factor: el productor Salvador Mejía, pretendiendo evitarse riesgos, acude a los ahora célebres (y talentosos) autores Ramón Campos y Gemma R. Neira (Velvet) para comprarles un argumento y venderlo como un “original” (Oh, esa palabra tan inquietante). Argumento que, de tan formulado, se pulveriza en la instantaneidad de las redes sociales al cruzar comparaciones con largometrajes como Leyendas de pasión (1995).

Detengámonos en este punto, por favor. ¿De dónde vienen los actuales fundadores de la productora Bambú? De Galicia, el interior de España. En aquella nación a diferencia de en México, hubieron en su momento broadcasters nacionales, verbigracia Antena 3, que les abrieron las puertas a los entonces noveles escritores y les permitieron hacer kilometraje, mostrar talento y hacerse de un nombre. Hoy, claro, son autores (y productores) reconocidos a los que acuden marcas de proyección mundial como Netflix a quien le han producido el primer proyecto original español para esa plataforma (Las chicas del cable, 2017). ¿Se puede entender esa lección?


¿Por qué insistir en lo que abiertamente ya no funciona?
Ante la recurrencia, sería oportuno un auténtico acto de contrición de parte de la televisión mexicana y una decidida vocación pragmática para enmendar el camino. Porque el despido masivo de su personal no está propiciando una depuración en estricto término. Más bien parece estar socavando endogámicamente la industria, desproveyéndole del talento que sí es capaz y que trae un know how importante y tampoco se decide a abrir las puertas al nuevo talento para cobijarlo con la expertise y la certidumbre que requiere un medio como éste para hacer carrera y generar los resultados esperados.

Frente de sí se presenta una sorda vaciante en la costa y las aves han anunciado su huida pero lejos de reaccionar, la televisión mexicana espera inadvertida y tendida en un camastro un próximo maremoto. Así parece anticiparlo los adelantos en la forma en la que irremediablemente abordarán los remakes de Esmeralda (Delia Fiallo) y Mirada de Mujer (Bernardo Romero).


Leamos el marco histórico de Mirada de Mujer: un remake del remake (hay una versión de Telemundo después del clásico Azteca-Argos) de una televisora que en 1998 se conocía como productora de telenovelas y cuya realización marcó un hito en la televisión mexicana no sólo por cimbrar al otrora imbatible prime-time del canal 2 sino por evidenciar la obsolescencia (¡hace 20 años!) de la firma más importante del continente en el género. Televisa, inexplicablemente, busca emplear como tabla de salvación esa leyenda pero persistiendo con el tratamiento de siempre. Ahí tienen el espejo del fallido remake de Nada Personal (TV Azteca, 2017).

La televisión mexicana camina por áridas tierras salvajes y todas las señales indican que lo está haciendo, consciente o inconscientemente, guiada por palos de ciegos.

jueves, 27 de abril de 2017

De la elección a la televisión



DE LA ELECCIÓN A LA TELEVISIÓN

¿Qué nos dicen las actuales preferencias de la elección del EdoMex respecto de los resultados de la programación de la televisión abierta en México?

 Daniel Lares Muñoz


A simple lectura podría parecer un ejercicio ocioso. Sin embargo, si atendemos a la sustitución equiparable de las variables de cada sector (el político y la televisión) es posible obtener información que nos permita entender (acaso atender) lo que la audiencia está demandando ante la caída de los encendidos y la reconfiguración de la industria que tiene en la fragmentación y la multiplataforma entre sus mayores retos.

La encuesta publicada hoy jueves 27 de abril por El Universal se presenta como una premisa idónea considerando que coincide en lo general con la de medios como Reforma, Sin Embargo o SDP, añadiendo que aunque las encuestas no gozan su momento de mayor prestigio, es cierto que siguen siendo una herramienta de primera referencia tanto como los ratings de la televisión que han sido tan cuestionados como las primeras, pero que son EL parámetro.


EQUIPARANDO VARIABLES: QUIÉN ES QUIÉN

Elección
Televisión (abierta)
PRI (alianza PVEM y Nueva Alianza)
Televisa
PAN, PRD, PT
TV Azteca / Imagen TV
Morena
¿?

El PRI: la tradición y Televisa
Porqué la alianza encabezada por el Partido Revolucionario Institucional que representa la variable cualitativa de la tradición, la cansina reiteración a lo de siempre y el oponente a vencer (tras más de 80 años de retener el poder) sigue teniendo un nada despreciable margen del 23 por ciento de preferenias aún y con el documentado desastre en seguridad pública estatal y en corrupción, particularmente en el contexto federal. 

Una respuesta proviene de esos targets duros que no votan por un candidato o la calidad de la propuesta de éste sino por un partido (con una vieja y eficaz estructura electoral) y los beneficios inmediatos, tangibles o intangibles, que obtienen del mismo. 

El PAN, PRD ¿Alternativa real?: Azteca e Imagen
En el caso del PAN que no levanta según los números disponibles, lleva la representación en la imagen de Josefina Vázquez Mota, una inexpresiva ex funcionaria federal en los sexenios de su partido en Los Pinos y ex candidata a la presidencia que frustró su triunfó en buena parte por representar la decepción pública por un cambio no logrado y mimetizarse con el sistema (representado por el PRI) al que debía combatir, vencer y sobreponerse. Hoy por eso se leen en la prensa y redes conceptos como “partidocracia”, “PRIAN”, “PRIANRD”, que incluye al PRD y demás partidos satélites.

Morena y la capitalización del descontento
Apuntalado por el innegable capital político de Andrés Manuel López Obrador, quien ha señalado recientemente a El Universal de servir a intereses contrarios a los que él representa, el partido Movimiento de Regeneración Nacional ha capitalizado a través de Delfina Gómez, el descontento por los referentes que representan esa tradición.

Desde mi punto de vista si contaran con un candidato más sólido en este momento no tendrían 24 puntos sino una ventaja mayor. No obstante, Delfina ostenta un perfil biográfico potencial de una premisa para un buen dramatizado actual. Fama de outsider, hija de albañil, producto de la cultura del esfuerzo que se confronta con un decadente establishment (el infructuoso mexican dream) y con un look que nunca admitirían ni las telenovelas ni las castineras de los comerciales para las marcas importantes, lo que la asemeja ( y empata) al grueso del universo meta.


“Óyelo, puerta, escúchalo tú, ventana”
Equiparando con la programación televisiva, qué mejor ejemplo que la parrilla vespertina del canal principal de México: La Rosa de Guadalupe, Enamorándome de Ramón y Mi Adorable Maldición, promedian mayores niveles de sintonía (HR Rating) que las telenovelas del prime time de su propio canal, Las Estrellas. No se requiere de muchos recursos para deducir que El Bienamado o La doble vida de Estela Carrillo (8 y 9 pm) implican mayor presupuesto que las antes mencionadas y aunque muy soft todavía, sí tienen un tratamiento diferente de las primeras; es decir, más “alternativo” dentro de su contexto aunque insuficientes para ostentarse como tal. En San Ángel deben saberlo.


¿Pues no que el público reclama mejores y diferentes producciones?

La rosa…, es un serial dramatizado que representa un catálogo de clichés ufano de su austeridad cutre. De los más de 20 puntos de rating que registraba hace sólo una década, hoy apenas alcanza los primeros dos dígitos de audiencia, suficientes para seguir siendo líder de su franja a pesar del declive. Mi adorable… y Enamorándome… son telenovelas mejor elaboradas que la primera pero que no representan nada nuevo con respecto a lo que se supone tanto se le critica a la fórmula Televisa

La diferencia no es “política ficción”
Si consideramos todas las variables no sólo cuantitativas sino cualitativas (emocional, de percepción, contexto social y mediático), la base que sostiene ese rating es la de ese 23 por ciento del PRI en esta encuesta del Estado de México. Una base, en el caso de la televisión, anclada en el beneficio de bienes intangibles como la tradición, el hábito, la accesibilidad y gratuidad del contenido y su familiaridad. Audiencias que el internet todavía no cubre. ¿Hay contra-oferta en las otras televisoras de frecuencia abierta con fuerza suficiente para desbancarla? Evidentemente no.

Las otras televisoras han preferido programación “rentable” pero que no genera ningún diferenciador de la primera y por lo tanto tendrán que seguir conformándose con los otros escalones del podio mientras no se atrevan a hacerlo distinto. En el mejor de los casos esta contraprogramación sólo resta rating al primer referente pero jamás les dará el liderazgo ni en audiencia ni en influencia.

La audiencia tradicional de las tres producciones mencionadas no tiene ni en los canales de TV Azteca ni en Imagen TV los incentivos suficientes para animarse a emprender el cambio y, por otra parte, los targets críticos y nómadas seguirán percibiendo en su microcosmos en las redes que los competidores de Televisa son más de lo mismo. O sea, lo que el PAN y el PRD de ahora, acelerando la depreciación del valor de la frecuencia abierta. Con otro factor añadido, la partidocracia no enfrenta directamente el embate de "oferta" extranjera al contrario de la televisión actual a través de las nuevas plataformas.



Otro indicador se puede extraer del por qué a Imagen TV le ha estado yendo mejor programando al aire las súper producciones bíblicas de importación que con sus lanzamientos originales. Dicho contenido que ya no programa Televisa y que evoca a los viejos maratones de Semana Santa del canal 5, apuntan a la tradición, a profundos lazos teológico-emocional-morales y, no menos importante, a la incuestionable calidad de esos títulos (superior a la oferta mexicana ordinaria), lo que puede explicar el fenómeno. ¿Lo están leyendo adecuadamente en los pisos ejecutivos?

Morena, imperfecto, bien o mal, está asumiendo en lo político la estafeta del diferenciador, de la contra oferta. Ya le tocará su oportunidad para demostrar si realmente lo es o resulta en otro partido más de relumbrón como en su momento  resultó para la audiencia TV Azteca en la televisión abierta, antes de la nueva administración.

No descartaría a Televisa, a diferencia del PRI en el plano inmediato político, como el agente que reconstituyéndose pudiera reconquistar su liderazgo e incluso el de nuevas audiencias asumiéndo ella misma la diferenciación. Le será más difícil que sus competidores porque tendrá que sobreponerse precisamente a su propia tradición, aquella de la que hoy se aferra para no acentuar su declive en audiencias. Una medida que le servirá hoy pero no en el futuro próximo. Requerirá de decisiones audaces y coherentes, que hasta ahora sólo se le han visto acaso en su nuevo directorio pero aún no en la pantalla.


Mientras tanto, ¿quién en la televisión se atreverá a ser esa DIFERENCIA? Enorme oportunidad para quien lo haga.